sábado, 13 de noviembre de 2010

Espanto



He esperado demasiado, se lo repite enésimas veces. Se saca las medias con abulia y respira hondo. Las partículas de talco inunda a la habitación, y él con un rostro retorcido deja escapar un sonido gutural desde muy adentro, desde su vientre. Se saca el pantalón y el calzoncillo. Busca en su laptop algo para escuchar. Será que esta vez cambio mi track list, piensa. La primera canción es de White stripes. Dejaré mi track list como está, lo dice con un susurro áspero. Se sienta en el suelo. Mueve el culo un par de veces hasta vencer al frío que se introduce por su ranura. Alza la mano derecha y deja caer un gargajo en su palma. Pone su mano en su pene flácido y comienza a frotarlo. Su verga se levanta y se repite nuevamente, he esperado demasiado. Lo frota con tristeza, como la última voluntad que posee un hombre antes de ser ahorcado. Se pregunta: ¿porqué los ahorcados tienen erecciones? ¡Quisiera ser ahorcado por una niña de 11 años! Uff, acaba sobre su camiseta blanca. Su culo se contrae y la punta de sus pies se estiran hasta casi tocar de la pared de al frente. Se levanta estremecido y algo decepcionado. Alza un poco el volumen y tararea sin dar con una sola palabra. Debí estudiar inglés, piensa enseguida. Mira su verga flácida como un cadáver que arrastra entre sus piernas y se siente poderoso. El timbre suena. Desata de su rostro una sonrisa ocasionando que las paredes se estremezcan. Baja el volumen. Se pone el pantalón y con el calzoncillo se limpia el semen de su camiseta. Va hasta la puerta y lanza el calzoncillo debajo de su cama. Pasa su mano pegajosa entre sus cabellos, los lleva hacia atrás. Pone su mano en la cerradura, el nervio lo punza pero guarda en sus bolsillos la ansiedad. Su culo se contrae y siente una erección repentina. Mete la mano en su bolsillo y acomoda la verga para que no lo delate el bulto. Da la vuelta a la cerradura, la puerta se abre con espasmos, y un sonido chirriante irrumpe desde las bisagras. Piensa que debe aceitarlas lo más pronto posible. La música sigue, el mismo track list desde hace cuatro años. La puerta abierta completamente deja contemplar a una niña de unos 11 años. Él hace un gesto amable que cualquiera confundiría con un calambre. La niña pasa. Él saca la cabeza y mira a un lado y al otro del pasillo. Piensa que la espera ha sido grata y cierra la puerta. Las bisagras rechinan nuevamente.

Por: Joc Deux

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