lunes, 14 de marzo de 2011

APÓCRIFO



Hay una mujer al final de la barra. Supongo que ha matado a alguien y recrea en su mente la escena una y otra vez mientras revisa el reloj que cuelga, inútil, de una pared. La mujer retiene, con sus labios negros, una víbora gris. Yo intuyo, mientras bebo mi gin, que hace sexo oral a un sátiro que ha perdido su fe en Dionisio. Ella chupa a ese falo cáustico con la paciencia del escepticismo, luego lo deja sobre el cenicero y lanza el humo despidiéndose de mí.

Sus manos tienen manchas de sangre y su blusa escotada es una guillotina. Busco la manera de cruzar mi mirada con la suya pero es un acto imposible; las escurridizas manos de la mujer desempolva a la misantropía y yo, me mantengo pegado a mi taburete al sentir el escalofrío de un puñal en mi espalda y creer que acostarme con ella sería la escena del crimen que ella ha recreado. Mete su mano en la huesa escoltada de millones de buitres; saca un billete y paga una bebida que naufraga por su cuerpo; el cantinero, sin verla a los ojos, se apresura a servir otra. La imagino masturbándose ahí, en frente de todas las almas sanguinarias que nos reunimos en bares para saciar la sed improrrogable. La veo esquizoide, lanzando sus cabellos negros contra los rostros de los concurrentes. ¿A qué sabe su sexo?

Lleva el cigarrillo a su boca, el filtro manchado con labial negro es chupado, sus alas nasales se abren y deja escapar al humo. Tengo la intención te interrogarla, de poner una lámpara frente a sus ojos en la oscuridad de mi habitación, amararla con nailon, preguntarle su nombre. La respuesta sería un mutismo triturador, acompañado de una sonrisa diminuta. ¿Cómo es su acento y sus rituales? ¿a qué lado de la cama prefiere dedicarle su cuerpo? ¿qué  desayuna? ¿come?

Resuelvo levantarme del taburete. Camino hacia el final de la barra. De mi espalda un hilillo de sangre resbala. Es una cascada cálida; ella, imperturbable, reconstruye su escena; yo, tambaleando, la saboreo en mi lengua. Estoy a tres pasos, la recuerdo hirviendo sobre mi piel.  No necesito que me diga su nombre, sus rituales, su acento, el sabor de su sexo. No necesito suponer nada: Ella ha matado a alguien y lo llama con un incómodo orgasmo

Desvía su mirada del reloj cuando este marca las 3 y 15 am, y me observa como se observa a los lugares baldíos.   



3 comentarios:

Dolores Reina dijo...

me gusta mucho la descripción, son imágenes intensas y el ritmo que adopta en un momento se vuelve hipnótico!

Joc Deux dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SIN LASANGRE dijo...

Esa mujer es SIN LASANGRE. Ninguna otra mujer es así... todas se eclipsan, se diluyen ante el vacío desgarrador que emana esa bruja-sirena.
SIN LASANGRE