domingo, 20 de julio de 2014

AL POETA QUE ESQUIVA BALAS DESDE SU MEMORIA



quizás me mate pienso, mientras veo al mar retroceder lejos de su sombra.

habla con esa lasitud que es útil para los agónicos,
sin embargo en sus heridas
solo veo cuadriláteros vacíos,
cuchillos con las hojas brillantes,
calles que comienzan en una pregunta
y terminan en el cementerio general.

se me acerca con su libro,
y en sus ojos veo a un niño que espera sigiloso,
debajo del techo zinc de la desidia, 

crecer para desquitarse de todos,
incluso del retrato que ha dejado sus huellas sobre el Murciélago.

estira su mano y tomo su libro;
el sol se está ahogando en el mar como la sonrisa de una mujer detrás de los dientes triturados de la derrota.

él está agotado del día 

y sube los escalones hasta meterse en su dormitorio.

de ahí también puede fraguar una buena pelea.
de ahí también puede odiar.
De ahí también puede matarme, pienso.
de ahí también puede amar.
de ahí también puede lanzar un grito pero nadie le obsequiará una boya;
él está resignado a perder la orilla por meterse en el poema.
él conoce todas las deudas de la arena
y los latidos de las olas.

¡déjenlo arriba!
Volverá con un buen poema,
 

o con las lágrimas del ocaso, hechas huesos


Imagen de: Lee Jeffries
 
 

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